La conexión EPR- el comandante Emilio

19/06/2017 Comentarios
download

-Carga ideológica al elegir al secuestrado y liberarlo con vida, era sello del comandante Emilio

María Idalia Gómez.- Por ahora, el rastro más confiable de su llegada a México data del 2002. Aunque existen algunos datos dispersos que demostrarían que el Comandante Emilio y su pareja, Jimena, visitaron el país años antes, con estancias cortas, pero útiles para cultivar sus relaciones con grupos guerrilleros mexicanos y colombianos. Esta última vez, huían de Brasil tras el secuestro del publicista Washington Olivetto, por quien pedían 10 millones de dólares que no pudieron cobrar después de 53 días de cautiverio.

Llegaron a la Ciudad de México y se trasladaron a Puebla para recibir de sus contactos sus primeras identificaciones “oficiales” falsas. De ser chilenos se convirtieron en mexicanos y echaron tierra a sus nombres reales: Raúl Julio Escobar Poblete y Marcela Mardones Rojas. Probablemente no lo sabían entonces, pero los siguientes 15 años ya no tendrían que huir, sólo mantenerse ocultos tras sus historias: una pareja de empresarios mexicanos inmobiliarios: Ramón Alberto Guerra Valencia y Patricia Marcela Fernández García. Las autoridades creen que Guanajuato fue el punto de reunión con sus antiguos camaradas del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), a quienes rescataron en 1996 de la cárcel de Santiago, en Chile.

En la revisión de las autoridades, tras la captura del comandante Emilio y su ahora expareja, sobre operaciones y cómplices en México, una de las líneas que podría conectar muy pronto es la del Ejército Popular Revolucionario (EPR), con quienes se habrían asociado para cometer secuestros de alto valor político y económico. Tal y como lo hicieron en Sudamérica cuando aparentemente estuvieron asociados con las FARC y con los resabios de organizaciones clandestinas uruguayas y argentinas. Los secuestros que el Comandante Emilio y su grupo realizaron en México ocurrieron cada tres años, fueron quirúrgicos, prácticamente perfectos y exitosos con cobros de entre 10 y 30 millones de dólares.

Sin dejar rastros claros, con operaciones simultáneas y una carga ideológica desde la selección del personaje hasta el discurso que mantenían con las familias y la víctima mientras permanecía en cautiverio, y liberarlo con vida era prácticamente su sello. Para cada secuestro empleaban por lo menos cuatro células que no se conocerían entre ellas. Una vigilaba por meses a su objetivo, otra ejecutaba el secuestro y lo entregaba a una tercera célula que lo llevaba a la casa de seguridad en la que permanecería la víctima en una caja construida para ello, durante tres meses o más de un año. Una de las células se encargaba de cuidarlo, darle de comer lo necesario y hablarle con este lenguaje revolucionario.

Otro grupo se encargaba de la negociación con los familiares, a quienes les ponían reglas rigurosas para comunicarse y para pagar los rescates, dinero que tardaría en regresar a circulación más de un año. Este patrón se mostró con los secuestros del panista Diego Fernández de Cevallos; los empresarios Javier García Navarro y Eduardo García Valseca; Nelly Esper Sulaimán, sobrina del dirigente de box José Sulaimán, y el último conocido, el de Mónica Jurado Maycotte, exnuera de Vicente Fox.

Cada secuestro arrojó datos que permitían elaborar su perfil. Bien entrenados en el manejo de armas, de interrogatorios, y en la planificación y logística de operaciones; con cultura y una lectura actual de la política mexicana e internacional; muy estudiosos de sus víctimas, y con conocimiento del comportamiento policiaco y militar. Un dato que arrojó el secuestro de Fernández de Cevallos, por ejemplo, es que algunos de los participantes utilizaban algunas palabras que sólo se escuchan en países de Sudamérica.

Algo ocurrió con la organización del Comandante Emilio, probablemente cambió de estructura y con ello de modus operandi. Nunca antes había cercenado el dedo de una víctima y ahora lo hizo. Cuando la Procuraduría de Justicia de Guanajuato se enteró, comenzó a preocuparse porque la inmobiliaria que dirigía él, tenía relaciones con funcionarios de gobierno y empresarios importantes de la región. Las investigaciones apenas comienzan. Habrá que seguir el dinero; ubicar todos los bienes, hasta ahora casas y una revista; catear domicilios y seguir el rastro de cada contacto, porque este caso es mucho más grande de lo que parece.

Con información de: Eje Central

Compártelo

Más de:

Déjanos tu comentario