Narcos, cada vez más jóvenes; advierten ciclo de vida corto

29/05/2018 Comentarios

Según organismos internacionales y ONG, la delincuencia tiene un ejército de al menos 30 mil menores de edad de donde echar mano

CDMX.- Cuando aún eran niños, Guadalupe y Pável formaron parte de la estructura del Cártel del Pacífico y del Milenio. Hoy son jóvenes que purgan condenas en Durango y Jalisco, respectivamente.

Ellos jamás se han visto y ni siquiera saben de la existencia del otro, pero comparten la misma historia de vida: una de familias disfuncionales, golpes, adicciones, homicidios y secuestros.

Guadalupe, a los 13 años de edad, comenzó a consumir droga, alcohol y mantenía a un pequeño hijo. Un años después, justo cuando cumplió 14 años, se inició en la venta de estupefacientes al menudeo cerca de su hogar.

A los 16 años perdió a su segundo hijo por sus adicciones y se convirtió en la líder de 17 jóvenes de su edad que se dedicaban a las labores de halconeo y sicariato para el Cártel del Pacífico en el estado de Durango.

“Yo coordinaba un grupo de 17 chavos que tenían la función de cuidar, levantar y enfrentarse con otros grupos que se querían meter a vender. Vendía drogas, era la jefa del lugar, distribuía mariguana, cocaína y piedra. Le reportaba a una persona que recibía la comunicación de otros como yo, y tenía la tarea de vigilar que otros no se metieran a vender en la zona que tenía asignada”, relató.

Detenida a los 17 años, tras dar muerte a un elemento del Ejército que hacía labores de investigación en el estado, ya ha purgado cuatro de los seis años de condena que le dieron por el delito de e homicidio calificado; espera que a los 23 años salga libre de su encarcelamiento.

Pável actualmente tiene 19 años de edad y, con 3 años en prisión, espera pacientemente que los cuatro años que le restan pasen rápido en un penal de Guadalajara. A los 11 años fue reclutado por el Cártel del Milenio, que a través de policías en activo, lo entrenaron e iniciaron en las labores del sicariato.

De acuerdo con las investigaciones que realizaron las autoridades de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Jalisco, Pavel está relacionado con la ejecución de 26 personas, de las cuales se tiene la confirmación de que ejecutó a 10, aunque en sus declaraciones él aseguró que hizo más “trabajos”.

Pável fue acusado primero de secuestro y después se le relacionó con la ejecución de jóvenes de entre 25 y 35 años, la mayoría con signos de asfixia, uno con el tiro de gracia y otro decapitado.

“Mi trabajo consistía en levantar, secuestrar y ejecutar. Ellos elegían a las personas y yo cumplía con lo que me dijeran que había que hacer. Realicé muchas ejecuciones y levantones y participé en algunos secuestros. Cada mes me pagaban mínimo 15 mil pesos y después de cada trabajo me daban alguna cantidad; una vez fueron 50 mil pesos. Una parte se la daba a mi mamá y la otra era para comprar droga”, dijo Pável.

“Yo tenía mando porque era sicario. Otro compañero y yo éramos y hacíamos lo mismo, por eso estábamos debajo del jefe del grupo, y debajo de nosotros estaban los supervisores, que también vivían en la casa, y los vendedores”.

De sicarios a jefes

Los constantes enfrentamientos entre organizaciones delictivas y el encarcelamiento de sus principales líderes han dado paso a una nueva generación de jefes regionales que no sobrepasan los 23 años, lo que genera una ola de violencia más cruenta.

Según cálculos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), las diferentes organizaciones delictivas en México podrían contar con 30 mil menores de 18 años, que son utilizados para cometer delitos que van desde la extorsión y la trata hasta la piratería y el narco.

Reportes de la Comisión Nacional de Seguridad, la SEIDO, la Red por los Derechos de la Infancia (Redim), el Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social y la CNDH indican que los nuevos jefes regionales y cada vez son más jóvenes, y saben que su ciclo de vida no rebasará los tres años.

Algunas organizaciones no gubernamentales, como Semáforo Delictivo, han dado a conocer a través de sus análisis basados en la recolección de datos oficiales que, en los últimos 12 años, los enfrentamientos entre cárteles han dejado un saldo de 122 mil 206 muertes, la mayoría de jóvenes, sin especificar edades.

Redim señaló que desde el 2007, entre todas las autoridades encargadas de combatir la delincuencia organizada han detenido a 4 mil mexicanos de entre 7 y 19 años por cometer delitos de ese orden.

La actividad de jóvenes dentro del crimen organizado es un fenómeno que comenzó a finales del 2009, según expertos.

También provocó centenares de detenciones de sicarios, jefes regionales, lugartenientes y líderes de las organizaciones criminales, que deben ser sustituidos de inmediato para que las estructuras, con un modelo gerencial de los cárteles de la droga, no sufran daños.

Para el profesor e investigador del Inacipe, Martín Barrón, los delincuentes han encontrado en las fallas sociales, familiares y la falta de políticas públicas de los tres niveles de gobierno enfocadas en los jóvenes un mercado virgen para enrolarlos en sus filas.

“Si combinas factores familiares con factores sociales, pues vas generando una mezcla y, además, si vives en una zona controlada por un grupo delictivo, pues esto se vuelve más fácil para que el joven pueda integrarse.

Erubiel Tirado, coordinador del Programa de Seguridad Nacional y Democracia de la Universidad Iberoamericana, coincide en que la falta de oportunidades para los jóvenes los ha puesto en la reserva del crimen organizado.

“Hay que recordar que en este país cuando menos la tercera parte está conformada por jóvenes; si aunamos a esto que la tercera parte de este país de jóvenes no tiene oportunidades de desarrollo social y personal, pues entonces esta actividad los pone en la mira del crimen; los tiene como un ejército de reserva por su vulnerabilidad intrínseca que vive este país”.

Los primeros grupos delictivos en captar niños y jóvenes para las actividades de halconeo y sicariato fueron Los Zetas, Golfo y Milenio, en sus expansiones para apoderarse de plazas en estados que no tenían dominados.

Los informes de Violencia, Niñez y Crimen Organizado, de la CIDH y Redim, coinciden en que las condiciones de extrema pobreza que se vive en algunos sectores, sobre todo en niños y jóvenes, les genera un equivocado modelo de superación a través del crimen.

Con información de: Excélsior

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