Análisis | ¿Cuánto nos cuesta la ausencia de paz en México?

Hay que preguntarnos cuál es el verdadero costo de oportunidad de vivir en entornos violentos. No solo en inversiones, productividad y empleos perdidos, sino también en términos de capital humano, miedo y construcción de futuro.

Desde hace ya varios años, el tema de violencia e inseguridad se ha apoderado de la agenda pública. De acuerdo con las encuestas de percepción, la inseguridad y la corrupción son los dos problemas que más preocupan a los mexicanos. Las diversas manifestaciones de violencia e ilegalidad se han extendido a lo largo del territorio nacional, incluso afectando regiones que en otros momentos se consideraron ajenas a estos fenómenos.

De acuerdo con el Índice de Paz México (IPM), elaborado desde hace seis años por el Instituto para la Economía y la Paz (IEP), el nivel de paz en nuestro país se deterioró 5% durante 2018. Esta caída se debió principalmente al incremento de 14% en la tasa de homicidios, llevándola a 27 homicidios por cada 100 mil habitantes y llegando a un máximo histórico para nuestro país.

Otros indicadores relacionados con la criminalidad y la violencia también han empeorado: tan solo entre 2015 y 2018 la tasa de delitos con armas de fuego se duplicó, y la tasa de delitos con violencia aumentó 25%. Asimismo, durante 2018 se incrementaron los delitos relacionados con la delincuencia organizada en 12%, principalmente la extorsión y el narcomenudeo.

Corrupción e impunidad

Más allá de las cifras, y sabiendo que las manifestaciones de violencia no surgen espontáneamente, es fundamental comprender los factores que la generan. Es necesario analizar, por ejemplo, la corrupción sistémica y las escandalosas tasas de impunidad (97%) que imperan en nuestro país, y que dan cuenta de cómo nuestras instituciones de justicia y seguridad pública han sido rebasadas por los altos niveles de criminalidad.

La sexta edición del IPM estima que, en 2018, la violencia en México tuvo un impacto de 5.16 billones de pesos, cifra equivalente a 24% del PIB. En términos per cápita, la violencia le costó más de 41 mil pesos a cada mexicano. El IEP realiza estos cálculos mediante una metodología propia que incorpora costos directos e indirectos relacionados con la violencia, así como un efecto multiplicador como medida de las distorsiones en el comportamiento económico. Es decir, que este factor mide la pérdida de dinamismo económico frente a la violencia.

Inversión sin efectos

A pesar de los altos costos reportados, los niveles de inversión de nuestro país en el fortalecimiento de los sistemas de justicia y seguridad son muy bajos. En México, el gobierno federal destina apenas 0.81% del PIB en seguridad pública y su sistema judicial, mientras que el promedio de los países de la OCDE es el doble.

En términos de paz y seguridad, México no solo necesita invertir más, sino invertir mejor.

Algunas inversiones estratégicas tienen qué ver con la capacidad institucional para proveer justicia y seguridad. Nuestro país tiene en promedio 3.5 jueces por cada 100 mil habitantes, cifra muy baja frente al promedio global de 16. En cuanto a elementos de seguridad pública por cada 100 mil habitantes, la mediana nacional es de 110 elementos, menos de la mitad del promedio en Latinoamérica.

Si algo queda claro al analizar estos factores, es que estamos ante un fenómeno complejo y multifactorial. Para alcanzar una paz sostenible en nuestras comunidades, hace falta el trabajo decidido de todos los liderazgos disponibles.

A la par de la gravedad y la dificultad de este escenario, se abre también la posibilidad de desarrollar agendas más amplias de construcción de paz que aborden el tema de manera transversal. Agendas que integren y articulen a actores diversos, como el sector privado, el sector educativo y la sociedad civil.

Finalmente, y tratando de responder al título de este texto: la violencia nos cuesta, y nos ha costado, mucho más que dinero. Después de trece años de crisis y de estrategias fallidas, la violencia nos ha costado demasiadas vidas, mucho tiempo y la oportunidad de construir un país más justo, solidario y próspero.

Sabemos que la construcción de la paz es un camino de largo plazo, por lo que conviene comenzar pronto.

INF: FORBES

Comentarios

comentario

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here